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Nido de ametralladora, la línea fortificada de Legro. El primer objetivo de las divisiones republicanas 42 y 44 era cumplir una función de distracción, para hacer creer a los sublevados que el ataque principal se realizaría por Fayón, cuando en realidad éste se sucedería por el sector central de la Tierra Alta. Para ello, los soldados utilizaron distintas técnicas de engaño, como, por ejemplo, levantar grandes columnas de polvo para simular el movimiento de grandes columnas de infantería, o en plena noche, bajar con camiones desde las montañas al río con las luces encendidas y retirarse con las luces apagadas, repitiendo esta maniobra durante toda la noche.

Con ello, daba la sensación que estaban concentrando grandes cantidades de vehículos cerca del Ebro. Conforme a lo esperado, los sublevados picaron el cebo que les pusieron los republicanos, e iniciaron en Fayón y Mequinenza la construcción de la línea fortificada del Ebro, un conjunto de lomas fortificadas, como la posición número 36, que estaban protegidas con trincheras, refugios antiaéreos, pozos de tirador, alambras de espino y nidos de ametralladora como el que os presentamos. Esta línea es totalmente de campaña, ya que se erigió en un tiempo récord de apenas dos meses.

Por ello, el principal método de fortificación fue excavar los elementos defensivos en el suelo, dotándolos de más solidez con tablones de madera, rocas y sacos terreros. Ante el posible ataque republicano, también se decidió extender una serie de obstáculos fluviales que dificultaran el desembarco de fuerzas republicanas. Entre estos eran muy importantes los caballos de frisia, que eran dos aspas de madera unidas por un travesaño.

El conjunto se cubría con alambre de espino, hecho que hacía prácticamente imposible saltar o atravesar este obstáculo. La función del caballo de frisia era dirigir a la infantería atacante hacia los rangos de acción de las ametralladoras para posteriormente abatirlos. En esta orilla también será muy importante el tendido de abrojos, que son esas esferas de metal que pueden ver en el suelo, las cuales cuentan con una serie de pinchos. Esto hacía que tirasen como se tirasen quedaran pinchos siempre mirando hacia arriba. La función de los abrojos era pinchar los pies de los soldados en el momento en que saltaban de las barcas para impedir así que pudieran seguir con su misión.

 

El paso del Ebro, madrugada del 25 de julio. Una vez completados los preparativos, se estableció que el ataque se iniciaría el día D a la hora H, es decir, la madrugada del 25 de julio a las 12.15 h. La unidad encargada de iniciar la ofensiva era la 226 Brigada Mixta de la 42 División, que lo haría por el sector de Fayón. Tres horas más tarde lo harían el resto de unidades río abajo.

A continuación, pueden ver distintos medios de paso para cruzar el Ebro, aunque la realidad es que los primeros combatientes que lo cruzaron no lo utilizaron, ya que eran expertos nadadores que cruzaron el río a nado. Su misión era liquidar a los observadores franquistas de esta orilla, impidiendo que se descubriera la ofensiva. Para ello, estos soldados únicamente llevaban una bayoneta, que es un arma blanca que se enganchaba en el fusil, y dos granadas de mano por si se veían rodeados por el enemigo, aunque esto no llegó a suceder, ya que lograrán con éxito su misión.

Una vez liquidados los observadores, ya pueden empezar a pasar las primeras patrullas armadas en embarcaciones, como las que estáis viendo. Estas unidades tenían como misión tomar las primeras defensas franquistas para crear un perímetro defensivo, conocido como cabeza de puente, para impedir así que los sublevados pudieran atacar, mientras iniciaban una labor tan importante como el tendido de medios de paso masivos como puentes, pontones o pasarelas, que es el elemento que están viendo. Este tipo en concreto, se conocía como pasarela de tiro rápido, ya que se construía la retaguardia con elementos que flotaran, como barricas o grandes corchos, y simplemente se tenía que montar encima del Ebro como si de un lego se tratase.

Pese a su velocidad de montaje, estas pasarelas tenían un gran inconveniente. Al ser flotantes, se movían mucho cuando los soldados pasaban por encima. Estos soldados, a diferencia de los primeros, no eran expertos nadadores.

De hecho, muchos de ellos no sabían nadar o lo hacían con dificultades. Estaban cruzando el río en plena noche, con un equipo que pesaba de 20 a 40 kilos y por unas pasarelas que se movían mucho. Al final, muchos de ellos perdieron el equilibrio, cayeron al agua y se acabaron ahogando.

Pasarela

Bienvenidos al Museo de la Batalla del Ebro de Fayón, uno de los museos más relevantes de España en su género, tanto por las colecciones que custodia como por la historia que muestra. La Batalla del Ebro, uno de los enfrentamientos más sangrientos y decisivos de la Guerra Civil Española. Los precedentes de la batalla En 1937 el Ejército Popular de la República tenía la iniciativa en el frente de Aragón, asediando Zaragoza y conquistando Teruel en diciembre, la primera capital de provincia que caería en manos republicanas.

Esto significó un golpe propagandístico muy duro para los sublevados, obligando a Franco a reaccionar por medio de un gran contraataque, la contraofensiva de Aragón. Esta se inició en enero de 1938, cuando dieciocho divisiones franquistas arrollaron a apenas tres divisiones y media republicanas. El 6 de abril de 1938 los republicanos cruzaron el Ebro en retirada, buscando la protección de esta barrera natural tan importante.

Los sublevados lograron llegar al mar Mediterráneo por Vinaroz, partiendo el territorio republicano en dos mitades y dejando Cataluña aislada. El 23 de abril los insurrectos dieron comienzo a la campaña de Levante, que debía conquistar Valencia, ciudad que suministraba las municiones y víveres que Madrid necesitaba para seguir resistiendo. El gobierno republicano se encontraba ante una crisis muy grave que debía revertir para evitar una precipitada derrota.

Para ello, la mejor solución sería una gran ofensiva militar que cumpliera los siguientes objetivos. Primero, demostrar al mundo que la república no había sido derrotada y que podía seguir llevando la iniciativa militar. Segundo, aliviar la presión del frente de Levante y evitar el sitio de Valencia.

Tercero, alargar la guerra civil hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, ya que así el gobierno de la república pasaría a formar parte del bando aliado, recibiendo ayuda militar de Francia y Reino Unido, puesto que Alemania e Italia estaban ayudando a los insurrectos. Para cumplir estos objetivos, la república optó por realizar esta ofensiva en el Ebro, ya que era el sector donde podía lograr un mayor factor sorpresa. Nadie esperaba que un ejército de infantería rebasara una barrera natural tan importante debido al peligro que entrañaba quedarse completamente rodeado por el enemigo con el Ebro a las espaldas.

Paso del Ebro

El plan de batalla: sigilo, sorpresa y penetración en profundidad. Si la República querría triunfar en el Ebro no podía dejar nada al azar, por ello diseñaron un plan de ataque en tres sectores.

  • Sector Sur: este se encontraba en la zona de Amposta y sería una acción de distracción realizada por la 14 brigada internacional.
  • Sector central, este se encontraba en la zona de la Terra Alta y sería dónde atacaría el grueso de las fuerzas republicanas.
  • Sector norte: este estaba comprendido por Fayón y Mequinenza, inicialmente tenía que ser un frente de distracción, pero una vez consolidado se debía cruzar el río Matarraña para unirse con el sector central, y así crear un frente más amplio que gozara de una mayor capacidad operativa y de resistencia. A este frente se destinaron las divisiones republicanas 42 y 44.

Así mismo, para que la ofensiva no fracase en las primeras horas, los suboficiales debían asegurarse que la tropa siguiera una serie de instrucciones; moverse en sigilo y silencio sin delatar la maniobra, buscando la mayor penetración posible en el campo enemigo, dejando en retaguardia aquellos pueblos que ofrecieran excesiva resistencia, realizando ataque sorpresa en las infraestructuras que permitan a los sublevados una defensa efectiva del territorio.

 Plan de batalla